
Las personas, grupos y naciones que se encierran en sí mismos, con la esquizofrénica convicción de una supuesta superioridad, acaban convirtiendo su vanidoso orgullo en el inevitable y comprobado principio de su autodestrucción.
En cambio, cada vez que nos abrimos, ampliamos nuestro existir. (Eso pasó varias décadas atrás, cuando unos cuantos decidieron buscar y encontrar la libertad de este nuestro amado México). Al hacerlo, agitamos y multiplicamos nuestro espacio cerebral y nuestra facultad de captar nuevos criterios, prácticas y saberes. Para coincidir o rechazar; pero siempre desde la apertura, con criterio propio y sin temor ajeno; ejerciendo la auténtica libertad, esa que empieza y acaba en nosotros mismos, sin griteríos o pancartas ni subarrendando nuestras neuronas a los ¨iluminados¨ de turno.
En contra de los pesimistas compulsivos, creo firmemente en esa juventud silenciosa (cada vez más sonora) que un día nos sustituirá, incluso me atrevo a decir, que poco a poco ya lo está haciendo. En la larga historia de la humanidad jamás había existido tanto conocimiento acumulado, tecnología disponible, injusticia divulgada y, a pesar de los fascistas con porra de mando, jamás existieron tantas democracias avalando millones de libertades individuales.
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Ese coctel es rotundamente nuevo, concreto y prometedor. Por eso creo que frente a visiones cerradas que sólo buscan perpetuar sus propias limitaciones, en muchas partes del mundo hoy se está larvando en silencio la que un día va a ser, intelectualmente, la primera raza universal, y la independencia falsa que hoy se celebra, no solo se va a conmemorar por países, sino en el mundo entero.
Como lo escribí en una columna anterior, si no tomamos a la libertad con responsabilidad, esta nos termina cansando, pero cuando no está, cuando no la sentimos, cuando no la respiramos, su ausencia nos termina matando.
No es cierto que la paz se termina cuando uno se prepara para la guerra. La paz se construye disparando y bombardeando toneladas de amor y de paz. No hay nada que armar, más que la consciencia, y esta se fabrica leyendo, investigando, observando y cuestionando. Para que desde ahí tomemos diferentes decisiones cuando podamos ejercer nuestro derecho al voto, a la tan famosa y casi invisible democracia.
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Por eso es importante recordar que la libertad, empieza y termina con nuestros pensamientos.
Hoy solo deseo que todos vivamos como uno mismo, sin separaciones, desde la consciencia de que la libertad está en el conocimiento, por eso su tan popular aspiración.
¡Qué viva México! ¡Qué viva su gente!
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Nuestra grandeza como mexicanos, es la que compone esta nación.
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